Confundí seguridad con libertad. Esa es la frase con la que tengo que empezar este texto, porque es la única honesta.
El 8 de diciembre de 2023 escribí en mi Facebook, mirando las fotos de mis paisanos caminando libres por primera vez en décadas: "Ver al país libre me hace sentir agradecimiento, por todos aquellos que nunca se rindieron." Voté en febrero de 2024 desde Omaha con esa misma esperanza. Hoy, casi dos años y medio después, escribo este texto desde otra honestidad: la libertad de caminar sin miedo a una pandilla es real, pero es solo una libertad. La libertad de pensar, opinar, disentir y construir sin miedo al Estado sigue siendo esquiva. Y la diferencia entre seguridad y libertad es exactamente lo que un régimen autoritario inteligente sabe explotar.
Este texto no se escribe desde el odio. Se escribe desde el mismo lugar donde escribí esa publicación de Facebook, pero con dos años más de información, dos años más de muertos, y dos años más de decisiones legislativas que no se pueden ignorar.
¿Qué tipo de gobierno es realmente el de Bukele?
Una democracia genuina tiene tres características fundamentales: separación real de poderes, independencia judicial y libertad de prensa. El Salvador de Bukele no tiene ninguna de las tres.
En mayo de 2021, con su supermayoría legislativa, Bukele removió ilegalmente a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General, reemplazándolos con funcionarios afines. El mismo tribunal que él nombró le dio después el permiso que necesitaba para reelegirse — algo expresamente prohibido por la Constitución que juró respetar al asumir el cargo.
En julio de 2025, la Asamblea — con 54 de 60 diputados de Nuevas Ideas — eliminó los límites a la reelección, amplió el período presidencial de 5 a 6 años, y adelantó las elecciones a 2027. En un solo paquete legislativo. Sin debate real. Sin oposición efectiva.
Los politólogos especializados en regímenes híbridos llaman a esto "autocratización" — el proceso sistemático de desmantelar las instituciones democráticas desde adentro, usando la popularidad como legitimación y las mayorías legislativas como instrumento. No requiere tanques en las calles. Requiere control de los tribunales, de la fiscalía, y del relato. Es lo que Steven Levitsky y Lucan Way definieron como "autoritarismo competitivo": un régimen que mantiene elecciones reales pero con el campo de juego tan inclinado que la oposición no puede ganar.
La fábrica del líder — el manual que reconozco
Bukele comenzó su carrera política en el FMLN, el partido de izquierda heredero de la ex guerrilla. Fue expulsado en 2017. La razón no fue diferencia ideológica profunda — fue conflicto interno de poder. Su ideología nunca ha sido de izquierda ni de derecha. Ha sido siempre bukelismo puro: el culto a su propia persona.
En sus primeras campañas usaba sistemáticamente el vocabulario de la tradición cristiana evangélica — la mayoría religiosa del país. No desde una fe genuinamente demostrable, sino como código cultural de pertenencia. "Dios me llamó a servir." "Este pueblo merece un milagro." El mismo manual que Trump. El mismo que Bolsonaro. El mismo que han usado líderes de izquierda y derecha en toda la historia latinoamericana cuando necesitan legitimación emocional masiva.
Yo lo viví. Yo lo sentí. Como escribí en septiembre de 2024 en mi propio Facebook: "Resulta más cómodo creer que conocer." Eso es exactamente lo que el populismo explota: la tendencia humana a preferir la certeza cómoda de un líder carismático sobre el esfuerzo incómodo de entender la complejidad política.
Progresivamente, Bukele fue adoptando una estética distinta: trajes oscuros, poses estudiadas, la cadena de bitcoin, los lentes de lujo. La vestimenta de quien ya no aspira al poder — quien lo ejerce y lo exhibe. Esa transformación no es vanidad. Es comunicación política deliberada. El mensaje: ya no soy candidato, soy el que manda.
Los muertos y los presos que el gobierno no puede explicar
Aquí soy preciso. Separo lo documentado de lo hipotético — porque la honestidad intelectual es lo que distingue este análisis de la propaganda que critico.
El caso Alejandro Muyshondt
Alejandro Muyshondt era asesor de seguridad nacional de Bukele. Amigo personal desde la adolescencia. Uno de los hombres más cercanos al presidente.
A finales de julio de 2023 comenzó a denunciar públicamente, en su cuenta de X, supuestos actos de corrupción de funcionarios del gobierno, incluyendo vínculos de un diputado de Nuevas Ideas con el Cártel del Golfo. El 9 de agosto de 2023 fue detenido en un retén policial. Estuvo seis meses desaparecido — su familia no recibió información oficial sobre su paradero ni su estado de salud durante todo ese tiempo, lo que configura, según la ONU y Human Rights Watch, una desaparición forzada por parte del Estado.
Bajo custodia estatal, en 182 días, Muyshondt tuvo cuatro operaciones craneales, fue diagnosticado con cáncer, sufrió un accidente cerebrovascular, y murió el 7 de febrero de 2024 a los 46 años. Causa oficial preliminar: edema pulmonar — la misma causa registrada en decenas de personas que murieron bajo el régimen de excepción.
La madre, Patricia Álvarez, denunció que el cuerpo presentaba "nariz y omóplato quebrado y señales de asfixia". Un informe del Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura, publicado en octubre de 2024 a solicitud de Human Rights Watch, identificó graves deficiencias en la atención hospitalaria y en la investigación posterior, incluyendo ausencia de imágenes radiológicas que respaldaran los diagnósticos oficiales. La ONU pidió explicaciones formales al gobierno salvadoreño en septiembre de 2024. Cristosal presentó aviso penal por desaparición forzada, tortura y homicidio agravado en abril de 2025.
Lo documentado: un asesor cercanísimo de Bukele denunció corrupción interna, fue detenido, mantenido incomunicado seis meses, y murió bajo custodia estatal con evidencias forenses de tortura. Lo que es hipótesis: que fue asesinado deliberadamente. La evidencia es poderosa. Pero no existe investigación judicial independiente porque el sistema judicial lo controla el mismo gobierno.
COSAVI y el accidente de Arriaza Chicas
El 8 de septiembre de 2024, el director general de la Policía Nacional Civil, Mauricio Arriaza Chicas, murió en un accidente de helicóptero junto a dos subdirectores, tres militares, un comunicador gubernamental, y Manuel Alberto Coto Barrientos — el exgerente de COSAVI acusado de un desfalco de 35 millones de dólares, quien era trasladado desde Honduras para presentarse ante la justicia. Ninguna de las nueve personas sobrevivió.
La organización Acción Ciudadana documentó que COSAVI fue uno de los donantes más importantes del partido Nuevas Ideas en 2020. Los tres altos mandos policiales fallecidos tenían, según reportes previos, antecedentes de investigaciones por supuestos vínculos con narcotráfico.
El testigo principal de un desfalco vinculado al partido de gobierno murió en el mismo helicóptero que el director de policía. No hay investigación independiente posible. Lo que es hipótesis: que fue un asesinato encubierto. Posible. No demostrado. Pero la coincidencia operativa exige preguntas.
Ernesto Muyshondt
Ernesto Muyshondt — exalcalde de San Salvador, exaliado de Bukele — fue arrestado en julio de 2021. Desde la cárcel declaró públicamente: "Soy un preso político, soy un preso de la dictadura de Nayib Bukele." Denunció ser torturado: "Me han amarrado, me han golpeado, me han fotografiado semidesnudo mientras he estado amarrado a una cama." En octubre de 2023, un día antes de que expirara el plazo legal para liberarlo sin condena, fue trasladado a un hospital psiquiátrico sin razones públicas explicadas. Fue condenado en septiembre de 2025 a 18 años de prisión.
La lista de la vergüenza — funcionarios con expedientes internacionales
La siguiente información está en los registros oficiales del Departamento de Estado de Estados Unidos. Es pública. No se puede borrar.
El Departamento de Estado ha acusado de corrupción o de socavar la democracia a más de una docena de funcionarios del gobierno de Bukele. Muchos figuran en la "Lista Engel" — el registro oficial de personas centroamericanas sancionadas por estas conductas. Otros figuran bajo sanciones de la Ley Magnitsky por facilitar pactos del gobierno con pandillas.
Carolina Recinos — Jefa de Gabinete. Acusada de "hacer mal uso de fondos públicos para beneficio personal" y de "participar en un importante plan de blanqueo de capitales". Cuatro de sus hermanos recibieron contratos y préstamos públicos durante su gestión.
Conan Castro — Secretario Jurídico. Acusado de "socavar procesos o instituciones democráticas al ayudar en la destitución inapropiada de cinco magistrados de la Corte Suprema y el Fiscal General".
Osiris Luna Meza — Director de Centros Penales. Acusado de "corrupción significativa relacionada con contratos del gobierno y sobornos". También sancionado bajo la Ley Magnitsky como facilitador de la tregua del gobierno con las pandillas.
Rolando Castro — Ministro de Trabajo. Acusado por corrupción en el ejercicio de sus funciones.
Rogelio Rivas — Exministro de Seguridad Pública. Acusado de "premiar a su propia constructora privada con contratos sin licitación para construir estaciones de policía".
Pablo Anliker — Exministro de Agricultura. Acusado de "malversar fondos públicos para beneficio personal". Durante su gestión, el ministerio ejecutó $265 millones en compras bajo investigación.
Ernesto Sanabria — Secretario de Prensa. Acusado de "presionar inapropiadamente a funcionarios de partidos opositores a renunciar bajo la amenaza de que serían acusados de delitos penales".
Christian Guevara — Jefe de fracción de Nuevas Ideas. Acusado de minar procesos democráticos por proponer una ley antipandillas que castiga con 15 años de prisión la simple publicación de mensajes relativos a pandillas — una forma de censura indirecta a la prensa.
Javier Argueta — Asesor Jurídico. Sancionado por socavar instituciones democráticas.
Alejandro Zelaya — Ministro de Hacienda. En la Lista Engel por corrupción.
Carlos Marroquín — Director de Tejido Social. Sancionado bajo Magnitsky como facilitador de la tregua con pandillas.
Guillermo Gallegos — Diputado aliado de Nuevas Ideas. En la Lista Engel. Antes de su muerte, Alejandro Muyshondt lo identificó ante investigadores estadounidenses como miembro del Cártel del Golfo.
Will Salgado — Alcalde de San Miguel. Acusado de "usar su posición oficial para participar en tráfico de drogas y lavado de dinero".
Sobre el propio Bukele. Su nombre ha aparecido en expedientes de la fiscalía salvadoreña previa a su captura institucional, en investigaciones de una comisión internacional auspiciada por la OEA, y en una fuerza de tarea estadounidense apoyada por los departamentos de Justicia y del Tesoro. Bukele recibió, según investigaciones documentadas por El Faro y revistas internacionales, al menos $1.9 millones de Alba Petróleos — filial salvadoreña de PDVSA venezolana — actualmente investigada por lavado de dinero.
Ninguno de estos funcionarios ha sido procesado por la justicia salvadoreña. Y la mayoría sigue en sus cargos.
Los excluidos — el costo silencioso
La educación militarizada
El 14 de agosto de 2025, Bukele nombró a Karla Trigueros, capitana del Ejército salvadoreño y médica, como ministra de Educación, Ciencia y Tecnología. Es la primera militar a cargo de esa cartera en más de medio siglo. Trigueros no tiene formación pedagógica ni trayectoria en gestión educativa. Su currículum principal es haber coordinado la logística de vacunación durante la pandemia.
Su primera acción, el 18 de agosto, fue enviar un memorándum de "carácter obligatorio" sobre disciplina escolar: control estricto del uniforme, supervisión personal del corte de cabello por parte de directores, ingreso ordenado con saludo respetuoso. Diez días después emitió el "Reglamento para la Promoción de la Cortesía Escolar", que establece sistema de deméritos por faltas como no decir "buenos días", "por favor" o "gracias". Lo siguió un programa de "lunes cívicos" obligatorios con izado de bandera, oraciones patrióticas y exposiciones sobre personajes "ilustres" seleccionados desde el ministerio.
Eso no es educación. Es formación militar aplicada a niños. El politólogo Daniel Zovatto lo nombra sin eufemismo: la presencia de militares en el Ministerio de Educación responde al propósito de "adoctrinamiento" destinado a "normalizar" el autoritarismo entre los más jóvenes. "Se cambiarán libros y manuales de texto para inculcar que estos son los valores que la sociedad salvadoreña necesita defender."
El Instituto de Derechos Humanos de la UCA señala que el miedo también busca neutralizar al sindicato de maestros — una de las pocas fuerzas sociales con músculo propio. Ya hubo despidos tras manifestaciones pacíficas.
La confusión entre disciplina y adoctrinamiento no es accidental. Es el diseño. Un pueblo que aprende desde niño a obedecer sin preguntar es un pueblo más fácil de gobernar. Y lo más doloroso: los resultados académicos de El Salvador son inferiores a la media mundial, especialmente en matemáticas — las áreas críticas para la economía del siglo XXI que Bukele prometió llevar al país.
El sistema de salud que se desmorona
La Asamblea aprobó en 2024 una reforma a la Ley del Escalafón del Ministerio de Salud que establece un techo salarial de $3,000 mensuales para los trabajadores del sector. En un país donde un médico especialista financia personalmente años de formación adicional, ese techo convierte la especialización médica en un camino sin recompensa económica viable. Los mejores médicos emigran. El sistema público se queda con escasez de especialistas. El salvadoreño común pierde acceso a atención de calidad.
Enfermeras del sistema público se retiran hoy con pensiones de $240 mensuales. La secretaria general de Sitrasalud lo dice sin adornos: "¿Quién va a vivir en este país con $240? La gente quiere retirarse pero no puede cubrir sus necesidades básicas."
El presupuesto del Ministerio de Salud tuvo una disminución del 7.3% para 2025, mientras el presupuesto de Defensa Nacional aumentó. Más dinero para militares. Menos para médicos. La prioridad del régimen expresada en dólares.
Las pensiones — el robo silencioso
En diciembre de 2022, la Asamblea aprobó la "reforma de pensiones" que se basa en no pagar capital ni intereses a los trabajadores en los siguientes cuatro años, generando un "ahorro" para el Estado de aproximadamente $500 millones entre 2023 y 2026.
Traducido a lenguaje simple: el gobierno tomó el dinero de las pensiones que los trabajadores salvadoreños aportaron durante años de trabajo, y decidió unilateralmente que no se los va a pagar en las condiciones prometidas. No es una crisis inesperada. Es una decisión legislativa deliberada, aprobada con 54 de 60 diputados del partido oficial, sin debate ni oposición efectiva, vendida públicamente como "modernización".
El trabajador que aportó durante 30 años descubre que el sistema decidió usar ese dinero para otros fines. Las enfermeras se retiran con $240. Los médicos no pueden pensionarse porque la pensión no les permite sobrevivir. Eso es un desfalco. No a mano armada. A través de leyes.
Las encuestas del 94% — el circo estadístico
CID Gallup publicó en marzo de 2026 una encuesta que muestra al 94% de aprobación ciudadana a Bukele. Esa cifra merece escrutinio metodológico serio.
No digo que sea imposible que Bukele tenga aprobación alta — la tiene, genuinamente, especialmente entre sectores que vivieron directamente la transformación de seguridad. Lo que digo es que un 94% en cualquier país, en cualquier época, exige verificación cuidadosa: ¿cómo se hizo la muestra? ¿en qué contexto se hicieron las preguntas? ¿qué tan libre se siente un salvadoreño hoy de responder honestamente a una encuesta política, sabiendo que existe el régimen de excepción y que cualquier denuncia puede convertirse en detención?
Como cité antes a Marco Aurelio: "Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad." El 94% es una opinión producida bajo condiciones que no son neutras. Eso no quiere decir que sea falso. Quiere decir que requiere las preguntas que pocos están haciendo.
El pan y el circo — la estrategia más antigua del mundo
Lo que veo cuando hablo con mis paisanos — los diputados que llegan a las colonias con piñatas y refrescos — tiene 2,000 años de historia documentada.
El poeta romano Juvenal lo describió en el siglo I: "Panem et circenses" — pan y circo. La estrategia para mantener a la plebe contenta y políticamente pasiva. No resolución de problemas estructurales. No empleo. No educación de calidad. Solo el gesto visible que genera gratitud inmediata y lealtad electoral.
El gobierno anunció en enero de 2025 el pago total de los recibos de agua y electricidad para el 95% de los hogares salvadoreños. Ese gesto genera gratitud real en familias que nunca habían recibido nada del Estado. No critico a esas familias — critico a un sistema que las mantuvo ignoradas durante décadas y que ahora usa esa privación histórica como instrumento político.
La pregunta que el régimen no puede responder
Si el gobierno de Bukele es tan exitoso como dicen las encuestas, ¿por qué necesita controlar los tribunales? ¿Por qué encarcela a exaliados como Ernesto Muyshondt? ¿Por qué el asesor más cercano del presidente, Alejandro Muyshondt, muere bajo custodia estatal después de denunciar corrupción interna? ¿Por qué el testigo principal de un desfalco vinculado al partido muere en el mismo helicóptero que el director de policía? ¿Por qué más de una docena de sus funcionarios más cercanos están en la lista de corruptos del Departamento de Estado de EE.UU. y ninguno ha sido procesado en El Salvador? ¿Por qué pone una militar sin formación pedagógica al frente de la educación? ¿Por qué reduce el presupuesto de salud mientras aumenta el de defensa?
Los gobiernos seguros de su legitimidad no necesitan silenciar voces. No necesitan perseguir periodistas. No necesitan remover jueces independientes. No mantienen un régimen de excepción durante cuatro años consecutivos.
El 94% de aprobación convive con todo eso. Esa contradicción no es accidente. Es el diseño.
Conclusión — lo que la historia nos enseña
Los modelos históricos comparables — el Porfiriato mexicano, el "milagro" brasileño de los 70, el fujimorismo peruano — terminaron todos de la misma manera: cuando la deuda venció, cuando los proyectos visibles no se tradujeron en bienestar real para la mayoría, cuando la oposición encontró finalmente el espacio para organizarse. Y en cada caso, el costo del despertar fue mucho más alto del que hubiera sido si la sociedad hubiera mirado a tiempo.
El Salvador enfrenta en 2027 vencimientos de deuda superiores a $2,000 millones. La pobreza aumentó del 26.8% al 30.3% entre 2019 y 2023. El costo de vida subió aproximadamente 30%. El empleo formal no crece. El presupuesto de salud se recorta. La educación se militariza. Los médicos emigran. Los pensionados reciben $240 al mes. Las encuestas del 94% no van a pagar esas deudas.
Escribo esto no para destruir esperanzas sino para honrarlas. El salvadoreño merece algo mejor que pan y circo. Merece instituciones que lo protejan en lugar de perseguirlo. Merece líderes que rindan cuentas. Merece la libertad real — no solo la de caminar sin miedo a una pandilla, sino la de pensar, opinar y construir sin miedo al Estado.
Esa es la libertad por la que vale la pena luchar. Y esa lucha empieza por llamar las cosas por su nombre.
En diciembre de 2023 escribí en mi Facebook: "Es la época de pensar por uno mismo." Sigue siendo cierto. Y pensar por uno mismo hoy, en El Salvador, significa hacerse las preguntas que el gobierno no quiere que se hagan.
Vivir no más de 110 años me parece tiempo suficiente para decir la verdad.
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